¿Por qué Es Un Error Priorizar Los Objetivos Conductuales En Vez Del Desarrollo Socioemocional?

Es casi la hora de cenar y un/a niño/a en el Espectro Autista tiene hambre y está cansado/a. Después de una tarde ocupada y activa, él/ella está en medio de una larga sesión en casa con su terapeuta conductual cuando su mamá entras entró por la puerta del trabajo.

Sonriendo con deleite, el/la niño/a corrió instintivamente hacia la puerta para saludar a su mamá, solo para que su terapeuta le indicara que permanezca sentado/a y termine su tarea. Cuando el/la niño/a volvió a intentar acercarse a su mamá, su terapeuta se interpone en su camino, bloqueándolo/a. Frustrado, él/ella rompe en llanto, grita y golpea a su terapeuta en señal de protesta. Tardó varias horas en calmarse de nuevo.

¿El error? El terapeuta se estaba concentrando en las metas de comportamiento sin tener en cuenta el funcionamiento social y emocional del niño. Un/a buen/a terapeuta debe estar consciente de que este enfoque no solamente es ineficaz, sino que tiene el potencial de causar angustia innecesaria a los niños y adolescentes en Espectro Autista, junto con sus familias.

Como ha escrito el psicólogo Ross Greene, a los niños les va bien cuando pueden. Cuando un/a niño/a en el Espectro Autista no cumple consistentemente con lo que le pedimos, debemos entender que el/la niño/a probablemente no está tomando una decisión deliberada de portarse mal, sino que se está adaptando a un sistema socioemocional inmaduro que aún se está desarrollando. El primer paso para solucionar este problema: dejar de tratar de manejar y controlar los comportamientos de un/a niño/a antes de que él/ella haya desarrollado la capacidad de autocontrol.

Con demasiada frecuencia, los adultos reaccionan a comportamientos problemáticos, ya sea en forma de lenguaje, acciones físicas o estallidos emocionales, emitiendo consecuencias para esta “decisión”. Pero ese enfoque asume que el/la niño/a puede optar por comportarse de otra forma, que tiene la capacidad de “función ejecutiva“. Pero muchos niños, adolescentes e incluso adultos, estén o no estén en el Espectro Autista, requieren años de experiencia para adquirir esa capacidad.

El/La niño/a ciertamente no lo había hecho. La demanda de su terapeuta de quedarse quieto excedió su capacidad de desarrollo para cumplir. No solo eso, debería haber elogiado su entusiasmo por saludar a su mamá, que reflejaba el tipo de conexión humana que debería ser el objetivo principal de todas sus terapias. Tales relaciones de apoyo forman la base que es esencial para construir conexiones cerebrales y, a su vez, la capacidad futura para el control del comportamiento y la función ejecutiva.

Por supuesto, no hay nada de malo en ayudar a los niños a desarrollar nuevas habilidades. Pero aquí está el problema principal en la educación y la terapia conductual: cuando insistimos en que los niños vulnerables controlen su comportamiento antes de que puedan hacerlo, existe la posibilidad de hacer más daño que bien a su salud mental y desarrollo socioemocional.

Podemos cambiar el paradigma mediante el uso de enfoques de desarrollo informados por la neurociencia y basados ​​en principios compasivos de mejores prácticas. El primer paso: prestar atención a lo que el/la niño/a nos muestra en su cuerpo.

Observa estas indicaciones de estrés fisiológico:

  • Respuestas físicas como llorar, reclamar, aumento de la frecuencia cardíaca, ojos muy abiertos, golpear o trata de escapar.
  • Señales de desconexión, incluidos rasgos faciales inmóviles; falta de interés o acercarse a otros; tono vocal monótono; falta de exploración; o movimiento corporal lento o disminuido

Si observas que un/a niño/a en el Espectro Autista muestra respuestas al estrés, haz de estas tus prioridades:

  • Antes que nada, dale al niño señales de que está físicamente y emocionalmente seguro.
  • Entender la conducta como una respuesta al estrés: lo que le estamos pidiendo al niño excede su capacidad para realizar la tarea.
  • Ser flexible al cambiar los planes y los objetivos de tratamiento inmediatos para priorizar la calidez, el compromiso y la comprensión cuando un/a niño/a muestra respuestas al estrés.

En resumen, prestar atención a lo que el/la niño/a en el Espectro Autista nos muestra en su cuerpo, en lugar de qué tan bien cumple con las demandas terapéuticas, es la mejor forma de determinar si él/ella está listo/a para aprender o adquirir una nueva habilidad.

Cuando damos prioridad a la vida emocional de un/a niño/a, los comportamientos mejorarán orgánicamente con el tiempo a medida que él/ella experimente seguridad en su mente y su cuerpo.

Todos los que profesionales de la salud mental, especialmente aquellos que apoyan a personas neurodivergentes, debemos comprender la importancia central de esta base sólida para los niños y las familias. Las relaciones y la estabilidad emocional de un/a niño/a son los mejores marcadores para los objetivos del tratamiento y sirven como la mejor base para el crecimiento futuro.

Fuente: Delahooke, M. (2017). Why It’s a Mistake to Prioritize Behavior Goals Over Social-Emotional Development. Recuperado de (https://monadelahooke.com/mistake-prioritize-behavior-goals-social-emotional-development/?fbclid=IwAR1U8km4CujqBjc0yBlcnPFdmKEzj08q-Bt8-MSYSY_Tvs4HRaraxeQDAZM). Traducido Por Maximiliano Bravo.

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