La Obediencia Estricta No Pertenece A Los Salones De Clases Virtuales

A medida que las vacunas en contra del Coronavirus se están implementando gradualmente, los profesores ya están regresando a las clases presenciales o modelos híbridos de enseñanza tanto presencial como virtual. Si bien una gran fuente de preocupación es sin duda la seguridad de los profesores y los alumnos que regresan al entorno físico del salón de clases durante una pandemia global, una preocupación secundaria es si los profesores simplemente volverán a las mismas viejas tácticas conductistas en el salón de clases en el momento en que pongan un pie en un salón de clases presencial en detrimento de alumnos neurodivergentes y en situación de discapacidad.

En el entorno físico del salón de clases, es común que los profesores esperen que los alumnos se adhieran a una obediencia estricta; mantener contacto visual con el/la profesor/a para indicar atención, usar tablas de comportamiento y recompensas externas para incentivar a los alumnos a completar sus tareas y las asignaciones, exigir que los alumnos se queden quietos y mirar directamente al profesor, y utilizando ignorancia planificada cuando los alumnos no cumplen con los comportamientos esperados dentro del salón de clase. Estas formas de conductismo son innecesarias y capacitistas para los alumnos neurodivergentes, y no promueven su aprendizaje, el crecimiento y la autodeterminación, sino más bien una estricta obediencia.

Con la mayor parte del aprendizaje ahora teniendo lugar virtualmente, algunos profesores han tratado de implementar formas similares de conductismo en el salón de clases, como exigir a los alumnos que mantengan contacto visual con su cámara web o con la persona que está hablando, o solicitar respuestas verbales de los alumnos no hablantes o mínimamente hablantes. Algunos profesores han tomado medidas más extremas, como hacer cumplir un código de vestimenta para el aprendizaje virtual, como no permitir que los alumnos usen sus pijamas o cualquier cosa que no usarían en un edificio físico, no permitir que los alumnos coman o beban durante las clases virtuales (ni siquiera cuando silencian sus micrófonos), requiriendo que los alumnos se sienten en una mesa o se queden quietos en lugar de caminar por su habitación o moverse durante la clase, e incluso tener “detenciones de Zoom” para los alumnos que rompen las reglas o que falten a clases. No es sorprendente que estas formas de conductismo, al igual que en un salón de clases presencial, hayan fracasado en gran medida y hayan creado resentimiento y frustración tanto en los alumnos neurotípicos como en los alumnos neurodivergentes.

El argumento común para implementar estas reglas es que el salón de clases virtual es una extensión del salón de clases presencial y, por lo tanto, el código de vestimenta escolar y todas las reglas escolares se aplican, incluso en la comodidad de la propia casa. Pero en el aprendizaje virtual a distancia, los alumnos nos están invitando a sus hogares. No solo somos sus profesores, también somos sus invitados en sus hogares, y debemos priorizar el cultivo de relaciones significativas con nuestros alumnos en lugar de intentar forzarlos a cumplir reglas triviales como vigilar si un/a alumno/a trae un juguete o una manta durante el aprendizaje virtual o está en pijama. Si queremos que los alumnos aprendan, entonces debemos encontrarnos con ellos donde están, dónde y cómo se sienten más cómodos aprendiendo. Es imperativo que los profesores de alumnos neurodivergentes se hagan las siguientes preguntas: ¿de qué sirve que los alumnos no puedan comer, tomar agua o moverse en su propia casa? Mientras los alumnos lleven puesta ropa que no sea ofensiva, ¿realmente necesitamos vigilar la ropa que llevan puesta en sus propios hogares? ¿Acaso los alumnos no tienen suficientes dificultades para adaptarse a la instrucción virtual, sin recreo, educación física, o ver a sus amigos y profesores en persona? Cuando hacemos aprendizaje a distancia, ¿no deberíamos simplemente estar ahí para nuestros alumnos y agradecerles por estar ahí para nosotros?

Por supuesto, no todos los alumnos que faltan a clase realmente quieren estar ausentes. No todos los alumnos tienen una computadora confiable o una conexión WiFi para trabajar, o un lugar tranquilo para trabajar en casa durante la clase. No debemos castigar a los alumnos por circunstancias fuera de su control, y debemos tener más confianza y fe en ellos. Puede ser más difícil para los alumnos ponerse al día con su trabajo de clase y puede ser más fácil para los alumnos atrasarse en ciertas clases. Pero estamos en un momento sin precedentes, y también deberíamos hacer de la salud emocional de nuestros alumnos una prioridad, y verificar con ellos s si han faltado a clase. Como profesor/a, es válido que sientas que tu salud mental y emocional seguramente no ha sido la mejor para decirlo amablemente, así que tú sólo puedes imaginarte cómo tus alumnos están procesando lo que está sucediendo en sus vidas y en el mundo a su alrededor. Asegúrate de que estén bien, que tu familia esté bien y ofrécele opciones a tus alumnos cuando tengan dificultades con sus tareas y asignaciones o para venir a clases.

También es importante tener en cuenta que la transición al aprendizaje en persona, si bien será acogida y bienvenida por muchos alumnos y profesores que no quieren nada más que volver a verse, otros alumnos pueden tener más dificultades para readaptarse a las clases presenciales. Si bien el aprendizaje en línea ha sido muy difícil para muchos alumnos que prosperan con la instrucción práctica y presencial, otros alumnos lo han hecho bien en los salones de clases virtuales y pueden sentirse reacios a regresar a las clases presenciales. Los alumnos que tienen ansiedad social, que prefieren trabajar de forma independiente y tienen más espacio para hacer estereotipias y moverse en casa han encontrado al menos algún beneficio en las clases virtuales. Los alumnos con ansiedad social pueden apagar sus cámaras y micrófonos si no quieren que otros los vean o los escuchen hablar. Los alumnos que se comunican mejor por escrito pueden usar la opción de chat o usar texto a voz para responder a las discusiones durante las clases virtuales. Sin mencionar que algunos alumnos que de otra manera tendrían que preocuparse por el traslado de su hogar al colegio o encontrar tiempo suficiente para desayunar por la mañana pueden dormir más tiempo y sentirse más frescos al comenzar sus clases. A pesar de que muchos están ansiosos por regresar a las clases presenciales, los profesores deben recordar que algunos alumnos pueden encontrar las clases presenciales tan difíciles como otros estudiantes encuentran las clases virtuales, y también debemos encontrar formas de apoyarlos brindándoles opciones de accesibilidad similar a las que tienen en línea, como aceptar respuestas no verbales de los alumnos y dar más espacio para que ellos se muevan y hagan estereotipias en un salón de clases presencial, y también más descansos de movimiento para los alumnos durante un largo día escolar.

Una preocupación común entre los profesores es la frustración de que los alumnos mantuvieran apagadas sus cámaras y micrófonos, y la falta de interacción y participación de los alumnos. Es comprensible por qué los maestros están frustrados por esto, ya que quieren sentir una conexión más personal con sus alumnos y quieren que más estudiantes enciendan sus cámaras. Pero obligar a los alumnos a mantener un contacto visual constante con el/la profesor/a es posible tanto presencialmente como virtualmente, y debe evitarse. Incluso cuando las cámaras y los micrófonos de los alumnos están apagados, eso no significa que ellos no estén escuchando durante las clases. No son solo un montón de avatares o iconos de colores en una pantalla. Pregunta cómo se comunican mejor tus alumnos y bríndales opciones, y no hagas obligatorio que ellos tengan sus cámaras y micrófonos encendidos.

El aprendizaje a distancia durante una pandemia ha sido difícil para que tanto los alumnos como los profesores se adapten, pero también ha brindado una experiencia única para que los profesores adaptaran su enseñanza para hacerla más accesible para sus alumnos. Algunos profesores han aprovechado esta oportunidad subtitulando sus presentaciones y videos que muestran a sus alumnos, brindándoles múltiples opciones de comunicación e interacción, acomodando múltiples estilos de aprendizaje en materiales instructivos, proporcionando descripciones de imágenes para imágenes mostradas en presentaciones de Power Point y deshaciéndose de las tácticas conductistas comunes que se usan en los salones de clases presenciales. Lamentablemente, otros profesores han intentado trasladar tácticas conductistas a los salones de clases virtuales, creyendo que esto proporcionaría más estructura y estabilidad a los alumnos, cuando en su lugar los obligan a cumplir estándares que no son posibles de cumplir para todos, y discrimina a los alumnos neurodivergentes y en situación de discapacidad. La obediencia estricta no pertenece a los salones de clases presenciales, ni tampoco a los salones de clases virtuales. Cuando regresemos a las clases presenciales después de la pandemia, abandonemos las tácticas conductistas obsoletas y hagamos de la accesibilidad una prioridad más grande que nunca para apoyar a todos nuestros alumnos.

Fuente: Crosman, C. (2021). Strict Compliance Does Not Belong In The Virtual Classroom, Either. In The Loop About Neurodiversity. Recuperado de (https://intheloopaboutneurodiversity.wordpress.com/2021/01/14/strict-compliance-does-not-belong-in-the-virtual-classroom-either/). Traducido Por Maximiliano Bravo.

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