La Frase Que Nunca Debes Decirle A Tu Hijo/a

Tu hijo/a parece que tiene todas las excusas del mundo para no hacer sus tareas. Eso es comprensible. Estás frustrado/a por todas sus tácticas evasivas. Puedes pensar en una razón por la que podría ser y quieres que él/ella lo sepa. Ya sea que se te escape o que tengas toda la intención de expresarle tus opiniones, tú lo dices:

“¡Eres un/a flojo/a!”

¿Por qué llamar a tu hijo/a flojo/a no está bien? Porque es peligroso.

Aquí están 3 razones:

I) Reduce su autoestima: Lo que le dices a tu hijo/a se convierte en su voz interior. Una declaración crítica de tu parte dejará una huella imborrable en la mente de tu hijo/a con el paso de los años.

II) Estás modelando insultos: Si bien puede parecer solo un adjetivo para ti, es insultante para tu hijo/a. Si él/ella aprende de ti que los insultos están bien, imagina lo que dirá cuando esté frustrado/a con sus amigos, hermanos o incluso con su futuro/a cónyuge e hijos.

III) Es posible que estés ignorando la verdadera razón detrás de la falta de motivación de tu hijo/a: Cuando llamas flojo/a a tu hijo/a, estás descartando cualquier razón genuina que pueda tener para no cumplir sus tareas. Esta es una oportunidad perdida para que tú y tu hijo/a resuelvan el problema de la desmotivación.

¿Necesitas ayuda para descubrir las razones? Poniéndote en los zapatos de tu hijo/a, intenta ver si alguna de las siguientes puede ser la razón.

Razones por las que tu hijo/a parece flojo/a pero en realidad no lo es:

I) Miedo al fracaso: Tu hijo/a puede sentirse incapaz o no cree en sí mismo/a. Si es así, estos son pensamientos negativos poderosos que necesitan mucho apoyo para vencer. Llamarlo/a flojo/a es lo opuesto a lo que tu hijo/a necesita.

Además, si la respuesta de tu hijo/a cuando se le pide que haga algo es “No puedo“, considera la posibilidad de que realmente no pueda. A veces los padres establecen expectativas demasiado altas. Mire cuál es la tarea que desea que tu hijo/a realice. Si es posible, no es razonable que lo logre todo, intente dividirlo en pasos más pequeños que pueda lograr uno por uno.

II) Miedo a ser juzgado/a: Si él/ella ya está siendo juzgado/a por ti por NO hacer algo, imagina cuáles son sus temores si intenta hacer algo. ¿Alguna vez has pensado “Quiero hacer X pero no estoy seguro de qué dirá Y”? Tu hijo/a también puede tener esos miedos. Asegúrale que crees en él/ella y apóyalo/a plenamente. Esto puede funcionar para todas las tareas, desde sacar la basura hasta resolver ese problema de matemáticas.

III) Evitar la frustración: Si lo que le estás pidiendo a tu hijo/a que produzca le causa frustración, es posible que se demore en hacerlo porque es difícil lidiar con esas emociones. Intenta reconocer la frustración. “Sé que es frustrante tener que resolver los nuevos problemas matemáticos. Siempre puedes tomar un descanso cuando te sientas frustrado/a, y yo también estoy aquí si necesitas ayuda”.

IV) Depresión: Algunos de los síntomas principales de la depresión son la falta de motivación, poca energía y no participar en actividades que solía ser capaz de hacer. Si la actitud o el comportamiento de tu hijo/a ha cambiado recientemente y ve este problema en el hogar y en el colegio, es hora de discutir con él/ella si está deprimido/a.

V) Disfunción ejecutiva: Tu hijo/a podría ser capaz de realizar tareas o proyectos a corto plazo o escuchar instrucciones breves y concisas, pero les resulta mucho más difícil seguir esforzándose durante períodos de tiempo más largos. En otras palabras, tú podrías percibir que tu hijo/a está siendo flojo/a, pero realmente podría tener problemas muy reales de disfunción ejecutiva. Y aquí están algunas posibles soluciones:

  • Utilizar calendarios, agendas, listas y alarmas.
  • Hacer un horario al que se pueda hacer referencia durante todo el día para ayudar a mantener el rumbo.
  • Descomponer las tareas grandes en tareas más pequeñas
  • Mantener las áreas de trabajo separadas de las áreas de ocio.
  • Establecer recordatorios sobre las próximas transiciones y cambios en las rutinas establecidas

En resumen, salvo todas estas razones, supongamos que le pides a tu hijo/a que haga algo y simplemente no quiere hacerlo. ¿Por qué la necesidad de llamarlo/a flojo/a? Hay varias otras palabras que podrían describir con mayor precisión el comportamiento de tu hijo/a sin todos los peligros de la palabra con “F”.

Prueba “desmotivado/a”. Pregúntale a tu hijo/a por qué está desmotivado/a y tengan un diálogo. Nunca puedes equivocarte si hablas respetuosamente con tu hijo/a y solucionen el problema los dos juntos.

Fuente: Eadie, J. (2017). The One Phrase You Should Never Say to Your Child. Jenmarie Counseling. Recuperado de (https://jenmarie-counseling.com/never-say-lazy-child/). Traducido Por Maximiliano Bravo.

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