Autodesprecio y Espectro Autista: Un Análisis Exhaustivo

El autodesprecio que sienten muchas personas en el Espectro Autista no es algo que realmente se habla con mucha frecuencia, aparte de las diatribas llenas de ira que aparecen ocasionalmente en Internet.

Muchas individuos, incluyéndome, lo hemos experimentado. Podemos sentirnos consumidos por tal emoción tóxica, debido a la vergüenza y baja autoestima que se nos aferra obstinadamente a nosotros como si fuera una segunda piel, sin importar cuánto podamos creer en el orgullo del Espectro Autista y todo lo demás. Y, por supuesto, aquellos que no han sido expuestos a mensajes positivos sobre el Espectro Autista tienen aún más probabilidades de sentir autodesprecio.

La intención de este posteo es examinar las fuentes probables del autodesprecio que aqueja a las personas en el Espectro Autista, las cuales parece aceptable dividirlas en tres categorías:

I) Como Nos Ve el Mundo

La imagen pública del Espectro Autista es muy negativa. La negatividad está presente en casi todas las noticias sobre el Espectro Autista, donde los relatores hablan de nuestra propia existencia con solemnes ceños fruncidos, discuten con preocupación cómo aumentan nuestros números y luego sonríen animosamente cuando hablan de una “posible cura” o siguen retratando al Espectro Autista en los medios de forma infantilizante y paternalista y considerándolo como algo “positivo”, sin consultar a los propias personas en el Espectro Autista.

Es en cómo la imagen proyectada con más frecuencia es la de niños no verbales y semi-salvajes, que pasan su tiempo teniendo constantes estallidos emocionales. Y que jamás progresarán para alcanzar los arbitrarios estándares de los seres humanos civilizados, siendo ésto implícito o incluso declarado categóricamente, sin una tonelada de “terapias”.

Es también en la siguiente imagen más común de nosotros, como los adolescentes de Síndrome de Asperger con habilidades informáticas fantásticas, pero sin habilidades sociales, sin empatía o emociones, y que se asemejan a los psicópatas. Piensen en las noticias que afirman que este o aquel francotirador masivo estaba diagnosticado con Síndrome de Asperger .

Es en las noticias frecuentes sobre las posibles causas del Espectro Autista, cada una que parece más ridícula que la anterior. Por no mencionar la aún más ridículas “curas” potenciales para ello. Como si fuéramos tan terribles, debemos considerar cualquier cosa para “arreglarnos”. Incluso las cosas que se consideran abusivas a las que nadie se atrevería a someter a ningún otro individuo.

Está en el lenguaje casi siempre negativo usado sobre nosotros. Palabras como “enfermedad”, “epidemia”, “cerebro dañado”, “trastorno”, “problema”, “carga”, “cura”, “tratamiento”, “terapia”, la lista suma y sigue, y en todos los pronunciamientos solemnes de un sinnúmero de “expertos” sobre “¿Qué Hacer Con Nosotros?”.

¿El mensaje subyacente que escuchamos? “El mundo nos odia y quiere deshacernos de nosotros“.

II) Como Nos Tratan las Personas

La forma en que nos tratan las personas de manera individual a menudo también es negativa. Como niños, podemos ser arrastrados de un médico a otro, de un ‘experto’ a otro, sometidos a todo tipo de pruebas y sujetos a toda clase de ‘terapias’ y ‘tratamientos’, diseñados para hacernos pasar por “normales” , independiente si hayamos o no hayamos sido formalmente diagnosticados.

En el colegio nos excluyen al etiquetarnos como “niños problemáticos” por nuestro comportamiento, nuestros pares nos segregan, nos humillan y nos agreden constantemente e incluso nuestros profesores nos consideran como “casos perdidos” al no poder seguir el ritmo de toda la clase, lo que nos hace sufrir el desamparo más abyecto. Lloramos sin recibir ayuda, u obtenemos el tipo equivocado de ayuda, lo que empeora aún más las cosas.

Como adultos, sufrimos frecuentes críticas, hostilidades, burlas, ostracismo y rechazo. Somos agredidos en el trabajo, en la calle o incluso en nuestros propios hogares. Nos sentimos abatidos, insultados, menospreciados, denigrados o incluso golpeados. Nuestros supuestos seres queridos o incluso cuidadores remunerados pueden manipularnos, explotarnos y, a veces, también maltratarnos. Este maltrato puede ser físico, sexual, verbal y emocional.

Incluso en las relaciones aparentemente buenas, podemos vernos sometidos a una grave falta de comprensión, a las expectativas emocionales que no logramos alcanzar porque ni siquiera sabemos que existen, exigencias implícitas que no podemos resolver y mucho menos cumplir y a menudo somos criticados por supuestamente “meter la pata”.

¿El mensaje subyacente que escuchamos? “Me odian porque soy extraño y diferente“.

III) Nuestras experiencias

Hay dos partes en esto:

a) La primera es cuando metemos la pata delante de otras personas. Si eres una personas en el Espectro Autista, sabes a la perfección de lo que estoy hablando aquí. Las metidas de patas demasiado públicas, o los colapsos emocionales vergonzosos en los momentos más inoportunos. Los momentos en lo que literalmente decimos o hacemos algo que puede ser interpretado como inapropiado o bien, rompemos o perdemos algo importante. Los momentos cuando llegamos tarde, o desaliñados, o hechos un auténtico manojo de nervios. Los momentos que inadvertidamente herimos a nuestros seres queridos. Las veces que nos damos cuenta de algo, y nos dicen que estamos sobrerreaccionamos, o “hacemos un escándalo por nada”, y “necesitamos controlarnos”. Los desastres sociales y el horrible silencio posterior, los estallidos y la “hibernación” para protegernos de la vergüenza social,  los líos, la confusión y los momentos en que acabamos sintiéndonos como idiotas.

b) La segunda parte es más privada, pero tal vez incluso más potente. Es el momento en que llegamos a casa tras un largo día en el colegio o el trabajo, llevando puesta una máscara socialmente apropiada hasta que llegamos a casa y, básicamente, arrastrarnos hasta nuestros agujeros personales para recuperarnos, hasta que tenemos que levantarnos y hacer lo mismo al día siguiente. Los momentos que somos invitados a algún evento social, y sabemos que simplemente no podemos asistir, y los sentimientos resultantes de inadecuación. El ver a alguien más hacer algo que nos encantaría ser capaz de hacer, pero simplemente no podemos.

Es el llanto silencioso que dura toda la noche y gran parte del día de mañana. El desastre que impregna nuestros hogares, incluso si nadie más lo ve, y el darse cuenta de que no tenemos la menor idea de cómo hacer que todo vuelva a lucir presentable. O los momentos en que nos damos cuenta de que nos hemos desvelados hasta las tres de la mañana, y tenemos que ir a la escuela o a trabajar mañana. O que nos hemos quedado dormidos, y entonces ser víctimas de recriminaciones sobre nuestras presentación personal porque alguien puede entrar sin tocar la puerta mientras que todavía nos nos sacamos el pijamas y nos damos una ducha ya pasado el mediodía. Incluso si nadie lo hace.

Luego están los momentos de híper-empatía, en los que queremos llorar por todo el mundo y los líos en los que se encuentran, y luego nos sentimos estúpidos por ‘sentir demasiado’. O lo estúpido que sentimos cuando nos damos cuenta del significado de algo que dijeron sobre nosotros o cómo nos hicieron quedar como tontos hace muchos años. O las conductas autolesivas y sentimientos de vergüenza por  incluso sentir esa misma vergüenza, porque se supone que somos capaces de “levantarnos con la frente en alto”, una especie de doble golpe bajo.

¿El mensaje subyacente que nos damos? “Soy tan estúpido, débil, inútil, patético o inferior.” O algo similar.

IV) Conclusión

Para finalizar, todos estos pensamientos negativos pueden convertirse en objetos contundentes con los cuales matarnos a golpes, metafóricamente hablando, por supuesto. Y no importa cuánto creamos en los derechos del Espectro Autista y el orgullo del Espectro Autista, y cuánto nos esforzamos para tomar una postura positiva hacia el Espectro Autista, este autodesprecio todavía puede lanzar sus garras contra nosotros y atacarnos por sorpresa, cuando menos lo esperamos.

Ahora, nadie tiene una cura mágica para todo esto. Pero yo sé, como sociólogo y como individuo diagnosticado con Síndrome de Asperger, que esto no significa que debemos dejar de luchar para que se hagan cambios positivos para las personas en el Espectro Autista. ¡Muy por el contrario! Todo lo anterior realmente hace que nuestras lucha sea aún más imperativa.

Necesitamos cambiar la percepción pública sobre el Espectro Autista, cambiar la forma en que tratamos a las personas en el Espectro Autista y crear una atmósfera de apoyo y comprensión para TODOS las personas en el Espectro Autista, cualquiera que sea su edad, género, raza, nivel socioeconómico, cualesquiera que sean sus necesidades y habilidades, y un largo etcétera.

Porque sólo entonces, tenemos la oportunidad de ser liberado de este sufrimiento, y alcanzar un estado permanente de autoestima.

Fuente: (2017). Autistics And Self-Loathing. AStrangerInGodzone. Recuperado de (http://strangeringodzone.blogspot.cl/2017/10/autistics-and-self-loathing.html). Traducido por Maximiliano Bravo.

3 comentarios sobre “Autodesprecio y Espectro Autista: Un Análisis Exhaustivo

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